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viernes, 29 de marzo de 2013

RESPONSABILIDAD CIVIL Y SEMANA SANTA


 
 
“Sevilla tiene un color especial”, dice la letra de una sevillana muy popular. También tiene un olor muy especial en primavera, cuando llega la Semana Santa: la mezcla del azahar, el incienso, los cirios derritiéndose, las flores que adornan los “pasos” que llevan las imágenes en las procesiones, el sudor de los costaleros, etc. En el marco de esa mezcla de devoción y espectáculo que supone la Semana Santa de Sevilla hay un lugar especial para la responsabilidad civil: la que surge en los accidentes y caídas provocadas por la cera derretida en las calles tras el paso de las cofradías.
 
Nuestros Juzgados y Tribunales no son ajenos a esa situación especial, abundando las reclamaciones que nacen de accidentes de tráfico ocasionados por la cera. En principio, el art. 1902 del Código Civil, como es conocido, establece la responsabilidad extracontractual imponiendo el deber de reparar el daño causado a quien lo provoca mediante su acción u omisión siempre y cuando actúe con culpa o negligencia. Es abundantísima la doctrina jurisprudencial que sistematiza los requisitos exigidos para que concurra esta responsabilidad -y por tanto no es precisa su cita-, que son:
 
a.       La acción u omisión culpable.
b.      El daño causado, que debe ser efectivo y valuable económicamente.
c.       La relación de causalidad entre la acción u omisión y el daño.
 
Las diversas resoluciones judiciales dictadas por la Audiencia Provincial de Sevilla suelen analizar qué papel juega en la génesis del accidente la cera esparcida por el pavimento, destacándose dos tipos de procedimientos: de un lado, los que enfrentan a dos particulares en un litigio propio del Derecho de daños causados por la circulación; de otro, las que enfrentan a particulares con la empresa municipal encargada de la limpieza pública. Mientras que en el primer tipo la jurisprudencia es unánime, en lo que respecta al segundo tipo hay cierta discrepancia. Así,
 
1.       En aquellos litigios que surgen entre quien sufre el daño y quien lo causa de manera directa, la Audiencia Provincial considera la cera derramada en las calles como algo habitual que debe conllevar la especial diligencia de quien maneja un vehículo de motor, sin que en ningún caso pueda considerarse como causa mayor.

 Un ejemplo de esta doctrina es la Sentencia de 17 de enero de 2011[1], que recoge el caso de un ciclomotor que, tras la caída de su conductor y fuera de control, impacta con el vehículo situado delante suya y parado en un semáforo en rojo. Ante la alegación de fuerza mayor realizada por el desgraciado motorista –que además de sufrir sus propios daños se ve demandado por el conductor del vehículo-, la Sala es contundente:
 
                               “la existencia de restos de cera en la calzada como causa generadora de la caída del motorista no es constitutiva de ausa de fuerza mayor que le exonere de responsabilidad por el daño producido, pues en la ciudad de Sevilla, en Semana Santa,  no es un acontecimiento imprevisible sino, antes al contrario, es plenamente previsible, que las calzadas del centro de la ciudad, en la que durante toda la semana se celebran  continuos desfiles procesionales estén impregnadas de cera, lo que hace inexcusable el   deber de conducir con gran precaución, y prestar atención a la posible concurrencia de    esta circunstancia por la vía por la que se transita, para adecuar la velocidad y las maniobras al estado de la calzada. La existencia de desfiles procesionales, con  innumerables cirios y velas de los que se desprende cera que cae a la calzada es un  hecho notorio de general y común conocimiento, sobre el que no cabe alegar  desconocimiento o ignorancia. Esta notoriedad del evento hace que no sea un acontecimiento imprevisible la existencia de cera en la calzada. Lo que descarta la fuerza mayor si se produce una caída de un ciclomotor por esta circunstancia causando daños a otros usuarios de la vía, ciudadanos que simplemente paseen o se desplacen por el lugar, o bienes u objetos que se ubiquen en la zona. La previsibilidad del riesgo exige la adopción de una muy rigurosa atención, precaución, cautela y cuidado por parte del conductor de un objeto tan frágil y desequilibrable como un ciclomotor, para evitar cualquier posible siniestro durante la circulación del mismo”.
 
 2.       En cambio, la eventual responsabilidad de la empresa encargada de la limpieza de las calles tras el paso de las cofradías –empresa municipal- frente a quien sufre el daño y reclama su responsabilidad no está tan clara. Así, la Sentencia de 23 de febrero de 2009[2] considera que “la negligencia de la demandada se infiere del hecho mismo de la producción del resultado dañoso, en relación con las circunstancias en las que se ocasiona, aplicando la doctrina "res ipsa loquitur", los hechos hablan por sí mismos, de la que, reiteradamente, viene haciendo uso la jurisprudencia. Y es que los propios hechos ocurridos evidencia la negligencia de la empresa municipal de limpieza, puesto que no hay nada que haga pensar en una actuación negligente por parte del Sr. Juan Carlos , en la conducción de su ciclomotor, y su caída no se explica sino por la cera acumulada en la calzada, lo que evidencia que la limpieza de la calle en cuestión, que la empresa demandada tenía prevista con arreglo a un plan específico, o no se hizo, o se hizo incorrectamente o fue insuficiente para la eliminación del peligro que supone la presente de la cera en la vía”.
 
Por su parte, la Sentencia de 13 de febrero de 1012[3] absuelve a la empresa de limpieza y ello porque “lo cierto es que el actor es de esta Ciudad y vive en la misma, por lo que conoce o debía conocer la situación excepcional que se produce en las vías de esta Ciudad después de Semana Santa, que aparecen en muchos casos con restos de cera de los cirios de las procesiones, sin que se pueda exigir a la empresa pública de limpieza ni al Ayuntamiento la desaparición absoluta de dichos restos de la calzada, por ser una misión cuantiosa y prácticamente imposible ante la magnitud, por cantidad y calidad, de Cofradías que procesionan en esta Ciudad, debiendo los conductores, que conocen esa realidad social, máxime los motoristas, extremar las precauciones en la conducción de sus vehículos”.
 
Aunque, en mi opinión, la jurisprudencia de la Audiencia Provincial de Sevilla no es contradictoria sino que atiende al caso concreto negando así la tesis de la responsabilidad objetiva, está claro que, cuando conducimos por Sevilla en Semana Santa, hay que extremar las precauciones.
 


[1] Sentencia 15/2011, de 17 de enero. Sección Quinta. JUR\2011\219509.
[2] Sentencia 96/2009, de 23 de febrero, Sección Quinta. JUR\2009\250990.
[3] Sentencia 9/2012, de 13 de febrero, Sección Octava. JUR\2012\303508.

sábado, 23 de marzo de 2013

RECURSO DE REPOSICION Y EFECTO SUSPENSIVO


 

 Recientemente se me ha planteado el supuesto siguiente. Se interpone una declinatoria de jurisdicción por entender que el Juzgado competente no era el de Primera Instancia sino el de lo Mercantil. Se resuelve mediante auto que rechaza la declinatoria y simultáneamente se dicta diligencia de ordenación del secretario en la cual, en base al auto anterior, alza la suspensión del procedimiento y requiere a la parte para que conteste la demanda en el plazo que le resta al efecto.
Coherentemente con ello, procedo, de una parte, a interponer recurso de reposición contra el auto –y contra la diligencia de ordenación- por seguir entendiendo que la competencia corresponde al Juzgado de lo Mercantil y además por entender que ello es preciso para poder reproducir la cuestión en un eventual Recurso de apelación contra la sentencia que se dicte en el pleito principal; de otra parte, en el resto de plazo que me restaba, presento contestación a la demanda.
Hoy recibo la impugnación del recurso de reposición y, además de otras lindezas propias del lenguaje del foro –aunque impropias de un Jurista con mayúsculas-, se destaca al Juzgador la incongruencia de nuestra actuación “por cuanto que el art. 64 de nuestra Ley Rituaria establece la suspensión del plazo para contestar la demanda hasta que sea resuelta la declinatoria –precepto especial que prevalece sobre el general recogido en el art. 451 sobre el efecto no suspensivo del recurso de reposición-.”
Si bien es algo que tenía meridianamente claro, me ha hecho dudar, si bien tras el estudio de la cuestión –brevemente, eso sí- llego a la conclusión de que hemos actuado correctamente y ello, al menos, por los siguientes motivos:
 
1.       El art. 64 de la Ley establece como efecto de la interposición de una declinatoria, el de “suspender, hasta que sea resuelta, el plazo para contestar, o el cómputo para el día de la vista, y el curso del procedimiento principal”. La resolución de la declinatoria se lleva a cabo mediante auto (art. 260.2.2ª: presupuestos procesales), que habrá de dictarse dentro del quinto día siguiente (art. 65.1). Dado que el tenor literal del art. 64 habla tan sólo de que sea resuelta, no debemos extender su ámbito de aplicación al hecho de que se haya resuelto en firme.

2.       El art. 451 no admite duda alguna: su tenor literal (“La interposición del recurso de reposición no tendrá efectos suspensivos respecto de la resolución recurrida”) no permite excepción de ninguna clase. Y, si la hubiera, sería la propia norma que la contuviera la que habría de excepcionar su aplicación.

3.       Es lo más coherente con los principios de celeridad y economía procesal que inspiran la LEC y, sobre todo, con la “decidida opción por la confianza en la Administración de Justicia y por la importancia de su impartición en primera instancia” a que se alude en la Exposición de Motivos de la Ley al referirse a la ejecución provisional (y a la que habremos de referirnos otro día).

4.       Y como siempre se queda uno más tranquilo cuando encuentra alguien que piense igual, si bien no he encontrado ninguna resolución judicial que apoye esta tesis, sí hemos encontrado la opinión doctrinal[1].



[1] COLMENERO GUERRA, J.A., “Comentarios a la Ley de Enjuiciamiento Civil. Arts. 61 a 67: De la competencia funcional. La Declinatoria y los Recursos en materia de jurisdicción y competencia”, InDret 4/2007:  si la decisión que se adopta es desestimatoria de la petición se levantará la suspensión y el proceso principal seguirá su curso. Contra el auto que desestima la declinatoria, conforme al art. 66.2.I de la LEC, cabe recurso de reposición”.

domingo, 17 de marzo de 2013

NUEVA ETAPA


Hoy empieza una nueva etapa en Alfil Abogados.

Hace tiempo que teníamos la idea de crear nuestra página web y tener un blog para compartir con nuestros clientes y amigos las novedades en materia jurídica que pudieran ser de interés; no en vano el Derecho de las Nuevas Tecnologías es parte importante en nuestra actividad profesional y académica.

Pero, claro, lanzar un blog no es algo que no deba pensarse, pues implica un compromiso, una auténtica obligación de carácter periódico y para asumir obligaciones válidamente hay que formar previamente el consentimiento al respecto y ello implica conocer perfectamente cuál es el objeto.

Ahora es el momento. La web está operativa y existe una multitud de temas sobre los que dar cuenta en este blog (algunos estrictamente jurídicos y algún que otro de carácter cercano al Derecho) y nuestra voluntad está totalmente formada al respecto. Concurren, por tanto, consentimiento y objeto.

Pero, ¿y la causa? La causa también concurre y consiste en la necesidad que toda persona siente en algún momento de compartir sus reflexiones. ¿Es causa gratuita o causa onerosa? Ahí me surgen dudas. Yo creo que la causa no es gratuita. Es cierto que vamos a exponer nuestras ideas, a compartir información, a divulgar normas e interpretaciones jurisprudenciales. Pero no lo vamos a hacer gratuitamente. Escribir un blog es una forma perfecta de desarrollar nuestra capacidad de comunicación, es una forma de perfeccionar nuestra manera de comunicarnos por escrito con los demás. Y, ¿de qué vivimos los juristas si no es de transmitir a otros -clientes, abogados o jueces- lo que tenemos, lo que pensamos, lo que argumentamos[1]? En la medida en que seamos capaces de transmitir mejor, seremos mejores profesionales, por lo que el blog será un instrumento gratuito para nosotros de perfeccionar nuestro trabajo.



[1] Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la primera acepción de “comunicar” es 1. tr. Hacer a otro partícipe de lo que uno tiene.
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