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martes, 21 de mayo de 2013

EL DERECHO AL OLVIDO


“… hasta el presente, las fronteras de la privacidad estaban defendidas por el tiempo y el espacio. El primero procuraba, con su transcurso, que se evanescieran los recuerdos de las actividades ajenas, impidiendo, así, la configuración de una historia lineal e ininterrumpida de la persona; el segundo, con la distancia que imponía, hasta hace poco difícilmente superable, impedía que tuviésemos conocimiento de los hechos que, protagonizados por los demás, hubieran tenido lugar lejos de donde nos hallábamos. El tiempo y el espacio operaban, así, como salvaguarda de la privacidad de la persona. Uno y otro límite han desaparecido hoy, las modernas técnicas de comunicación permiten salvar sin dificultades el espacio, y la informática posibilita almacenar todos los datos que se obtienen a través de las comunicaciones y acceder a ellos en apenas segundos, por distante que fuera el lugar donde transcurrieron los hechos, o remotos que fueran éstos”.

En estos términos se expresaba en 1992 la Exposición de Motivos de la Ley Orgánica 5/1992, de 29 de octubre, de Regulación del Tratamiento Automatizado de los Datos de Carácter Personal (LORTAD), norma que desarrollaba el art. 18.4 de la Constitución, del que además nacía su carácter de orgánica.

     A pesar de que no era objeto de regulación en aquel momento, ya se intuía la necesidad de proteger la privacidad frente a esa ausencia de fronteras temporales y espaciales que presenta la sociedad de la información y cuyo exponente principal es el llamado “derecho al olvido”, que se configura no como un derecho a manejar la propia historia, a reescribir nuestra vida, sino tan sólo como un derecho que permite evitar que un dato aislado que tuvo una finalidad determinada, pueda dar lugar, pasado el tiempo y concluida la finalidad legítima que motivó su obtención, a crear un perfil, una imagen del sujeto que no se corresponda con la actual y que le sea nociva de algún modo.

     Pues bien, en nuestros días, el derecho al olvido ha sido objeto de un importante debate doctrinal, lo que ha motivado su regulación expresa en la Propuesta de Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo relativo a la protección de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de datos personales y a la libre circulación de estos datos (Reglamento general de protección de datos), presentado por la Comisión Europea en enero de 2012.

 

     Sobre el derecho al olvido en general y, en concreto, sobre la referida Propuesta trata un artículo que hemos publicado recientemente en la Revista de la Contratación Electrónica[1].

 

 



[1] NOVAL LAMAS, J.J., “Algunas consideraciones sobre la futura regulación del derecho al olvido”, Revista de la contratación electrónica, núm. 120, 2012, págs. 25-36.
 

domingo, 12 de mayo de 2013

LA ETERNA DIALECTICA ENTRE DON QUIJOTE Y SANCHO PANZA

 
Cuando Cervantes escribió el Quijote seguramente no se planteó las cuestiones que multitud de estudios posteriores han destacado de su obra. Sin embargo, lo cierto y verdad es que los dos personajes de la obra, Don Quijote y Sancho Panza, son fiel reflejo del carácter de los españoles: soñador uno, práctico el otro; “desfacedor” de entuertos el primero (*), hombre prudente el segundo. El resultado es que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en su versión digital, define la palabra “quijote” como “Hombre que antepone sus ideales a su conveniencia y obra desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo”.
 
Pues bien, hoy traigo a colación un supuesto claro de “quijotismo jurídico”, aunque espero que la última frase de la definición de la RAE sea errónea, pues espero que tenga éxito mi actuación.
 
Se trata del famoso descodificador de Canal Plus. Como quizá alguno haya oído comentar, cuando alguien se da de baja en Canal Plus, recibe, pasado un tiempo, una carta en la que se le recuerda que viene obligado a la devolución del aparato. Hasta ahí, nada incorrecto. El problema surge cuando también exige que se lleve a una determinada dirección –que por cierto hay que consultar en un teléfono de tarificación especial- o bien pedir que sea un técnico quien lo recoja y a quien se deberá pagar la suma de veinte euros más IVA en el momento de venir a recogerlo. Según parece, el técnico lo recoge y emite algún tipo de documento que posteriormente hay que remitir a la compañía.
 
Claro, eso está muy bien si uno está obligado a ello. Pero, ¿lo estamos? ¿hemos firmado una cláusula que así lo establezca? Si la hubiéramos firmado, ¿no sería una cláusula abusiva? Máxime teniendo en cuenta que cuando se contrata el Canal Plus lo más habitual es que no tenga que pagarse nada por la instalación de los aparatos correspondientes.
 
En el caso que nos ocupa, del que soy protagonista en primera persona, la contratación se hizo aproximadamente hace quince años y el cliente –es decir, quien esto escribe- solicitó copia de su contrato al recibir la primera carta. La prepotente compañía no sólo no le remitió el clausulado firmado –al principio, me remitían a la página web para consultar las condiciones actuales; después dijeron que lo habían solicitado al departamento correspondiente- sino que pasado un tiempo le envió una nueva misiva en la que le advertía que si no devolvía el dichoso aparatito, emitirían un recibo a su cargo por importe 300 euros.
 
Esta nueva carta fue contestada con un nuevo correo electrónico –canal facilitado por la propia compañía- en el que se advertía de la ilegalidad de dicha medida. ¿Y qué piensan mis lectores que ocurrió? Pues que el cargo en la cuenta del cliente se produjo, a sabiendas de que no correspondía y sin haber contestado aún a la petición inicial de la copia del contrato firmado por el cliente.
 
Y aquí surge D. Quijote, cabalgando de nuevo para luchar contra los gigantes que, esta vez sí, son gigantes de verdad. Mientras tanto, Sancho Panza a su lado, le susurra al oído: ¿y si llevamos el maldito cacharro a donde nos dicen o pagamos el peaje de la abusividad de la cláusula?



(*) Dado que existe un importante volumen de visitas al blog desde países que no utilizan el castellano como su lengua oficial y por tanto utilizarán el traductor, hago una aclaración a la expresión "desfacedor de entuertos". Se trata de la expresión utilizada en el Quijote para definirlo como persona que, dicho coloquialmente, trata de arreglar problemas.

martes, 7 de mayo de 2013

GRACIAS

Hoy hemos alcanzado la nada desdeñable cifra de 1200 visitas, en un tiempo de aproximadamente dos meses (empezamos el 17 de marzo de este año)  y con seis entradas publicadas hasta la fecha. Además, más de la tercera parte de las visitas proceden de fuera de España.
 
Evidentemente, el estímulo que supone saber que hay alguien al otro lado de la pantalla y que nos lee, hace que continuemos con el compromiso asumido de exponer temas de interés general -para clientes, amigos y compañeros- y, sobre todo, de actualidad. Y, aún más, el compromiso de continuidad y regularidad en las entradas.

Muchas gracias de nuevo
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